¡Iceberg por proa! Anomalías gravitatorias geostacionarias

Hay noticias de un náufrago, con pocas esperanzas de volver a ver su hogar o sobrevivir, siendo arrastrado por la corriente mientras observa impotente desde su parálisis. Y no sólo eso, sino que arrastra en su lenta deriva a dos pequeños que lo intentan ayudar. ¡Para agravar la situación, es demasiado grande y puede hundir a otros navegantes con los que se tope en su vagar descontrolado!

Que alguien se apiade de él

Que alguien se apiade de él

Como supondréis por la extraña redacción de este párrafo, y lo extraño de que la balsa de un náufrago vaya a hundir superpetroleros por el camino, no estoy hablando de un pobre diablo perdido en la inmensidad de los océanos, sino de un satélite errante que se encuentra a la deriva en los infinitamente más vastos océanos espaciales.

Ved un retrato de nuestro tristemente famoso protagonista:

El descontrolado DSP 23

El descontrolado DSP 23

El modelo de este satélite fue otrora la joya de la corona entre los sistemas de advertencia temprana de los EEUU. Estos centinelas observan desde la órbita geosíncrona, esta que ya llevo citando unas cuantas veces en las entradas precedentes, y que corresponde a donde se colocan los satélites para que orbiten al mismo ritmo con el que gira la Tierra, aparcándolos sobre un punto determinado.

¿Y qué miran? Seguro que la CIA está infestada de voyeurs…

Probablemente, pero con este aparatejo no llegarían a ver grandes detalles, a no ser que lo que les interesara fuera un tanto exótico: la estela ardiente de un misil o cohete. Efectivamente, durante la Guerra Fría ambos bandos desplegaron flotillas enteras de satélites que observaban al contrario, intentando ver cuanto antes los misiles despegando de sus silos para derribarlos, protegerse y mandar la respuesta, de tal manera que nos pudieramos mandar todos al otro barrio mutuamente.

Eso si, el sofrito que te puedes preparar con eso quedaria en los anales

Eso sí, el sofrito que te puedes preparar con eso quedaría en los anales

Sé que cité la ley del burro grande (cuanto más cerca, más grande) para justificar la presencia de satélites fotográficos a baja altura, y de comunicaciones en geostacionaria. Sin embargo, al estar comparativamente fría la Tierra con respecto a la estela de un cohete, son capaces de detectar cuantos lanzamientos ocurran dentro de su campo de visión.

El DSP 23, nuestro errante protagonista, (DSP son las siglas de Defense Support Program, nombre críptico donde los haya) era el último de la serie, con el que se cerraba el programa. Sus sucesores están a la vuelta de la esquina, y puesto que la amenaza nuclear no es tanta amenaza hoy en día, llevarán nuevos instrumentos para aprovechar el viaje.

Todo iba bien en su misión hasta noviembre del año pasado. Puesto que es militar, no se dan noticias sobre su estado o posición. Pero por todo el mundo hay aficionados a la observación del cielo que llevan un catálogo muy detallado de todo lo que se mueve sobre nuestras cabezas (si calcáis con júbilo exacerbado en el link podréis ver la lista de correo del mayor grupo de observación, SatObs) y no se les escapó el comportamiento extraño de nuestro amigo, al que ya tenían fichado desde hacía tiempo. En lugar de estar dicharachero como de costumbre, en su frecuencia de emisión por radio reinaba un silencio sepulcral. A lo largo de varias horas de observación, vieron cómo aparecían reflejos extraños, que luego se desvanecían. Y lo más extraño de todo: parecía estar deslizándose poco a poco hacia el este, desde su posición a 9ºE, justo encima de Gabón, en África.

¡¡¿Qué demonios?!! ¡Los extraterrestres, ya lo decía yo! ¡A las trincheras, nos están secuestrando los satélites! ¡Bombardeémosles!O… ¡peor aún! ¡¡¡Los chinos!!! ¡Esto es la guerra!

Tranquilidad, fieles seguidores neoconservadores de este humilde blog. Realmente, toda la culpa recae en los mismísimos dueños del pajarito. Por un fallo desconocido para nosotros, pobres civiles, el DSP 23 perdió todo control de sí mismo. Se sumió en un silencio sólo interrumpido en contadas ocasiones por débiles transmisiones moribundas, dando tumbos sin orientar su telescopio hacia los objetivos que debía controlar, y dando lugar a los reflejos. Pero… ¿por qué se movía hacia el este? ¿No se supone que en esa órbita se mueve al ritmo de giro de la Tierra?

Ya lo decía yo: ¡extraterrestres cambiando las leyes físicas! ¡O chinos! ¡¡¡O iraníes!!! ¡Bombardeémoslos!

Debo llamar a la concordia de nuevo. Los mencionados por el irritable lector neocon siguen sin tener nada que ver. En la teoría, todo es muy sencillo e ideal, pero la realidad es un poco diferente: la Tierra no es una esfera perfecta, y tiene dos “bultos” en el Ecuador. Uno de ellos está a 75ºE y otro a 225ºE (según mis fuentes, aunque mirándolo con un poco de atención, yo creo que las zonas rojas, con más atracción gravitatoria, deberían ser los “focos” hacia donde tiende a moverse el satélite… en cualquier caso, hay dos “bultos” que tienen más gravedad que el resto del ecuador)

ESA)

El geoide: una bola colocada en esta patata no rodaría, a pesar de que haya pendientes. La mayor fuerza de gravedad en las zonas altas la mantendría "pegada" (Credit: ESA)

La fuerza de la gravedad es un poco más fuerte en la dirección por la que queda el bulto más cercano, y un satélite sin propulsión se dirigirá inexorablemente hacia él, como un coche que se deslice por una pendiente. Una vez allí, justo como el coche del que hablábamos, no se parará en seco, sino que seguirá avanzando, para detenerse de nuevo y volver a caer por la pendiente, en una larga oscilación. La fricción a esa altura es casi inexistente, así que seguirá oscilando durante décadas. Las fuerzas de marea de la Luna y el Sol le harán oscilar hacia el Norte y el Sur también, haciendo que describa entretenidas figuras con los años: algunas con forma de 8, otras con forma de huevo… para observarlo toda la familia, y aplaudir con las cabriolas de nuestro alegre paseante.

Podría ser así, pero lamento anunciar que tras aplaudir bajo un cielo estrellado, la alegre familia que volviera a su casa a comentar el espectáculo a la luz de la televisión se encontraría con que… ¡no hay tele!

¡¡¡Terroristaaaaaaas!!!

Ya se me ha vuelto a exaltar el halcón. El causante de todo podría ser el simpático y jugetón DSP 23, porque no está dando paseos orbitales por cualquier sitio, sino por el cinturón geostacionario.

Todos estos son los satélites (sólo los operativos) geostacionarios alrededor del mundo. Donde hay más de uno y están muy cercanos, se muestran en columna

Todos estos son los satélites (sólo los operativos) geostacionarios alrededor del mundo. Donde hay más de uno y están muy cercanos, se muestran en "columna"

Como podéis ver en la imagen, la Tierra está rodeada en el Ecuador por una miríada de satélites, que se encargan de mandarnos toda esa imprescindible televisión por satélite, junto con servicios de Internet, telefonía móvil, radio, y algunos incluso más importantes: salvamento marítimo, comunicaciones seguras, teleconferencias, defensa, sistemas de atención médica y de emergencias para lugares remotos, descongestión de líneas de teléfono terrestres…

Sólo se pueden conseguir las fantásticas propiedades de dar vueltas a la vez que la Tierra sobre el Ecuador, y por eso los sitios están muy cotizados, sobre todo los que se encuentran sobre Europa, Asia y Norteamérica. De hecho, hay una agencia internacional que se encarga de regular los “slots” en órbita geostacionaria, y se evita dejar basura espacial en esa zona: los satélites viejos se mandan a órbitas cementerio (órbitas más altas y menos interesantes porque son más lentas que la rotación terrestre: las órbitas supersíncronas) Un satélite que explotase por ahí sería un desastre económico, porque dejaría inservible gran parte de la franja.

Y ahora anda nuestro amigable DSP 23 correteando descontrolado por esa mismísima región. Y va a seguir, gracias al movimiento oscilatorio que mencionaba.

DARPA)

Los pequeños y sacrificados MiTEX, que corren detrás del inconsciente DSP (Credit: DARPA)

El par de jovenzuelos que se van detrás del náufrago, como comenté al principio, son los MiTEX. Eran dos satélites militares que probaron la capacidad de sacarle fotos a otros satélites acercándoseles. Ya casi no tienen combustible, y ésta probablemente será su última misión: ver el DSP23 de cerca para intentar saber qué le ocurrió, y si se puede salvar o sacar del cinturón.

Mientras, el DSP sigue errante, admirando el paisaje mientras se acerca a la anomalía gravitatoria del Índico. Ya ha pasado dos grupos de satélites geostacionarios: los HotBird y los SES Astra. Parece ser que los militares avisan a los operadores de estos aparatos para apartarlos a tiempo, aunque son rumores.

Más detalles sobre esta historia en una gran crónica de Brian Weeden en The Space Review.

Había una vez, un barquito chiquitito…

… que no podía, que no sabía…

… que no sabía navegar.

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~ por decalistoatriton en 25 enero 2009.

3 comentarios to “¡Iceberg por proa! Anomalías gravitatorias geostacionarias”

  1. Has de saber que la patata fue calculada en el GFZ…

  2. Efectivamente, me sorprendí al ver uno de los enlaces apuntando hacia su página (aunque no pude enlazarlo porque el enlace que proporcionaba Google estaba roto) Qué buenas patatas modelan.

    Van a lanzar un satélite dentro de poco para medir el campo gravitatorio terrestre con mucha precisión, el GOCE, del que no te quepa duda hablaré, en el que seguramente esté implicado el GFZ también.

  3. if I had been the person in charge of these calculations, these kind of things wouldn’t ever have happenned….someday, me, The Great Marder, will govern the whole world, you know, and this blog’s owner, will be put in orbit….there’s nothing left to say. Despite knowing everything in this world, i have to study electronics….damn jester..

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